08 Jul Las bodegas que fundaron la D.O. Ribera del Duero en 1982
Hoy la Ribera del Duero es una de las denominaciones de origen más prestigiosas del mundo. Pero en los años setenta nada de esto existía: no había denominación, no había contraetiquetas, y la mayor parte del vino de la zona se vendía a granel, sin nombre y sin memoria. Que hoy exista la D.O. Ribera del Duero se debe al empeño de un puñado de bodegas que creyeron en esta tierra antes que nadie. Esta es su historia — y también la nuestra, porque estuvimos en aquella mesa.
La Ribera antes de la Ribera
Que en estas riberas se hace vino desde hace siglos lo demuestran las bodegas subterráneas medievales que perforan el subsuelo de pueblos como La Horra, Roa o Sotillo. Pero una cosa era hacer vino y otra muy distinta reivindicarlo. A mediados del siglo XX, el viticultor ribereño vendía su uva o su vino a granel, y el prestigio se lo llevaban otras regiones.
Hubo excepciones que señalaron el camino, y proyectos cooperativos como el nuestro — fundado en 1957 por 218 familias de La Horra — empezaron a embotellar cuando embotellar era una rareza. De hecho, entre 1968 y 1970 instalamos la primera embotelladora de la Ribera del Duero burgalesa.
1978: la reunión de La Horra
El primer paso formal hacia la denominación se dio en 1978, en una reunión celebrada precisamente en La Horra. Ocho bodegas de la zona — la nuestra entre ellas — se sentaron a estudiar la posibilidad de crear una Denominación de Origen que protegiera el potencial vitícola de la comarca.
Entre 1980 y 1982 se sucedieron las reuniones preparatorias en La Horra, San Esteban de Gormaz y Aranda de Duero para definir los límites y el reglamento del futuro Consejo Regulador.
1982: nace el Consejo Regulador
En 1982 se oficializó por fin el Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero. Nuestra bodega fue una de las ocho fundadoras, a las que se sumaron otras cuatro en aquel arranque. Doce casas pioneras para una denominación que hoy agrupa a más de trescientas.
El peso de La Horra en aquella fundación quedó claro pocos años después: cuando en 1989 se eligió por votación el primer pleno del Consejo, tanto el presidente como uno de los vocales eran naturales de nuestro pueblo.
Lo que significó (y lo que significa)
La denominación lo cambió todo. La contraetiqueta numerada del Consejo se convirtió en garantía de origen y calidad, y el Tinto Fino pasó de uva anónima a bandera de una región. Para nosotros, el reconocimiento llegó pronto: en 1985, tras recibir el Bacchus de Plata, logramos nuestra primera exportación.
Casi cinco décadas después de aquella reunión de 1978, seguimos elaborando vino a unos metros de donde se celebró. Cada botella que sale de Dominio de Montelahorra lleva, además de la contraetiqueta del Consejo, algo que no se puede imprimir: la memoria de haber estado allí cuando todo empezó.
¿Quieres conocer más? Descubre nuestra historia completa o los vinos que nacen de ella.
No Comments