Fiestas La Horra 2026: vista panorámica del pueblo en el Nativo Ausente

Fiestas del Nativo Ausente 2026: la carta que La Horra le escribe a quien vuelve

Carta al que no viene

Las Fiestas La Horra 2026 ya están aquí, y con ellas vuelve algo que no cambia. Hay un día del año en que La Horra cambia el paso. No lo marca el calendario, lo marca la gente: se abren persianas que llevaban meses cerradas, se llenan las terrazas de caras que solo vemos una vez al año, y alguien, sin que nadie se lo pida, empieza a colgar banderines en la calle Mayor. Ese día sabemos que agosto ha llegado de verdad.

Nuestras fiestas tienen un nombre que no tiene ningún otro pueblo: se las dedicamos al Nativo Ausente. A quien nació aquí y ya no vive aquí. A quien un día hizo la maleta —por trabajo, por amor, por lo que sea que nos empuja a los pueblos pequeños a buscarnos la vida fuera— y desde entonces solo pisa estas calles unos días al año. Puede que seas tú. Puede que lo seamos casi todos, un poco, en algún momento.

El regreso que no se explica, se reconoce

Qué raro y qué bonito es, a la vez, ese regreso. Basta cruzar la carretera de siempre para que todo vuelva de golpe, y de pronto ahí está el pueblo entero esperando, aunque nadie lo haya avisado. Uno no sabe muy bien si vuelve por la fiesta o si la fiesta es solo la excusa perfecta para volver.

Nosotros llevamos aquí desde que este pueblo, entre todos sus vecinos, decidió apostar por la tierra y por el vino. Y algo de esa misma unión sigue latiendo cada agosto: el pueblo entero saliendo a la calle a la vez, como si en el fondo nunca hubiéramos dejado de ser una sola familia grande.

Lo que de verdad nos junta

El viernes suena el pregón y la plaza se llena. Detrás de la charanga, el pueblo entero sale a la calle porque es lo que toca. Hay quien vuelve por las peñas, quien vuelve por el baile hasta que amanece, quien vuelve solo por la cena popular y esa mesa larga que se monta una vez al año.

Nosotros, si somos sinceros, volvemos sobre todo por lo de siempre: por sentarnos con quien nos vio crecer y no tener que explicar nada, porque aquí ya lo saben todo de nosotros desde antes de que lo supiéramos nosotros mismos.

Se hace tarde. Alguien saca una botella de El Corazón de la Tierra y la deja en el centro de la mesa sin ceremonia, como quien pone el pan. Y entonces uno entiende que quizá esta sea la única noche del año en la que el vino, la fiesta y la memoria se sirven en la misma copa, y que si uno se marcha de un pueblo, lo que nunca se marcha del todo es el pueblo de uno.

Así que esto no es una invitación. Es un recordatorio, para quien lo necesite: en La Horra os seguimos esperando, cada agosto, con la mesa puesta y el vino descorchado.

Felices Fiestas del Nativo Ausente.

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