Qué es el Tinto Fino (y en qué se diferencia del Tempranillo)

Si alguna vez has leído la contraetiqueta de un Ribera del Duero, habrás visto que la variedad aparece como “Tinto Fino” o “Tinta del País”. Y si conoces los vinos de Rioja, sabrás que allí la uva reina se llama Tempranillo. La pregunta es inevitable: ¿son la misma uva con distinto nombre, o son uvas diferentes?

La respuesta corta: es la misma variedad. La respuesta interesante: después de siglos en la Ribera, ya no es exactamente la misma uva.

Una variedad, muchos nombres

El Tempranillo es la gran uva tinta española, y como todas las variedades viajeras ha recibido un nombre distinto en cada tierra que la adoptó: Tempranillo en Rioja, Cencibel en La Mancha, Ull de Llebre en Cataluña, Tinta de Toro en Toro… y Tinto Fino o Tinta del País en la Ribera del Duero. El nombre “Tinta del País” es elocuente: era, sencillamente, la uva de aquí, la que siempre se había cultivado.

Por qué el Tinto Fino no es un Tempranillo cualquiera

Cuando una variedad pasa cientos de años reproduciéndose en un mismo lugar, se adapta a él. El Tinto Fino de la Ribera del Duero es el resultado de esa adaptación a unas condiciones únicas: la altitud (nuestro viñedo está entre 800 y 850 metros, con noches frías incluso en agosto), el clima extremo (inviernos duros, veranos secos y una amplitud térmica que puede superar los 20 grados en la maduración) y los suelos pobres de calizas, arcillas y arenas que obligan a la planta a esforzarse.

El resultado es un Tempranillo de piel más gruesa y racimo más pequeño y suelto que el de otras regiones: más color, más tanino, más concentración. Por eso un Ribera y un Rioja, aun compartiendo variedad, se parecen tan poco.

Cómo se nota en la copa

Un Tinto Fino de la Ribera del Duero se reconoce por su color intenso, entre picota y púrpura; por su fruta negra y madura — mora, ciruela, arándano — sobre un fondo que la crianza viste de especias, vainilla y balsámicos; y por una boca potente y estructurada, con taninos firmes pero maduros y un frescor final que delata la altitud. Es un vino con esqueleto: por eso envejece tan bien y por eso la Ribera es tierra de crianzas, reservas y grandes reservas.

En nuestros vinos, además, la edad del viñedo añade otra capa: las cepas viejas dan menos cantidad y más profundidad, con esa textura sedosa que solo se consigue con décadas de raíces.

Una uva con reglamento

La D.O. Ribera del Duero protege este patrimonio exigiendo que el Tinto Fino sea la base indiscutible de sus tintos, y en la práctica la mayor parte de los Ribera — incluidos todos los nuestros — son Tinto Fino al cien por cien.

Así que la próxima vez que alguien te pregunte si el Tinto Fino es Tempranillo, ya sabes qué contestar: sí, es Tempranillo… pero un Tempranillo que lleva siglos haciéndose de la Ribera. Y eso, en la copa, se nota.

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